Se acerca el final de esta agonía, y la paz. Ninguno de los dos volveremos a casa. Si a él le pasa algo, me quedo aquí con él, aunque tenga que provocar mi propia muerte. Seguro que se deja morir, y no lo permitiré.
Nos levantamos al alba, con el sonido de los pájaros y del cauce del río.
Abrí los ojos, y ví que me tenía rodeada con su brazo. Así descanso mejor. Me revolví, y me coloqué mirando hacia él. Con el movimiento, se despertó, y me besó.
-Buenos dias, Kira.
-Hola, Blake.
-Llegó la hora.
-Da igual, no pienses en eso ahora.
Me abrazó, y se me quedó mirando.
-Eres la chica más guapa de Panem.
-Exagerado...
-Ojalá llevases ahora el vestido granate...
-Es hora de irnos.
-Si...
Los levantamos, y comimos un poco del pavo que nos quedaba. Después, recogimos las brasas, preparamos las armas, y marchamos hacia la Cornucopia. Él delante, y yo en guardia con el arco.
Trepamos hacia arriba por las piedras por donde me caí la primera vez. El subió primero, y después el me ayudó a subir, ya que el arco pesaba bastante.
Mientras que caminábamos, íbamos hablando, riéndonos... Si Damien nos ve, no pasa nada. Así no nos separaremos nunca. Estábamos muy lejos, así que parábamos cada poco a beber agua. Nos la teníamos que repartir, y Blake insistía en que bebiese. Así que fingía que lo hacía, para que él tuviese más.
Pasaron tres horas, y, cuando nos aproximamos a la Cornucopia, empezó a oscurecer.
Pensamos que era cosa del Capitolio, que se querían divertir con nosotros, así que seguimos.
Pero unos extraños ruidos nos asustaron. Eran como gruñidos. Blake y yo nos pusimos en guardia, y nos quedamos parados, protegiéndonos la espalda mutuamente.
Unos puntos rojos aparecieron al fondo de la oscuridad. Y otros, y otros. Fueron acercándose lentamente hacia nosotros, hasta que percibí lo que eran. Eran mutos.
- ¡Kira, corre!
Corrimos hacia la Cornucopia lo más rápido que pudimos. Me paré en seco, y disparé a uno de ellos, acertando de lleno.
Seguimos corriendo, y Blake se agachó para que yo subiera. A continuación, subió él. Nos pusimos a salvo en lo alto, y me puse a dispararles, con la intención de matar a todos. Pero algo me interrumpió, un empujón hacia el suelo, provocándome una brecha, y mareo. Era Damien.
-Por fin nos encontramos,preciosa. Has resistido...
Pero Blake le apartó de mí, y se pusieron a forcejear. Damien iba armado con una espada, una gran espada. Y me daba miedo.
Con mi gran mareo, me incorporé como pude, e intenté inmovilizar a Damien, pero él me volvió a golpear.
Blake peleaba más y más fuerte, hasta que ocurrió algo que me partió el corazón. Damien clavó la espada a Blake en el costado. No pude evitar gritar su nombre, mientras que veía como caía al suelo, poniéndome a llorar.
Me llené de rabia, y fuí directa a él, con intención de matarle. Pero me retiró el arco de un golpe.
-Ahora ha llegado tu hora, Kira... Con tu lindo cuello...
Me agarró del cuello, y me empezó a asfixiar. Empecé a toser, y a ponerme morada. No podía respirar.
Agarrándome del cuello, me golpeaba contra una pared, rompiéndome por dentro. Ya no aguantaba más, y estaba dispuesta a morir. De lejos miraba a Blake, y él me miraba. No iba a volver a casa. No iba a volver a ver a Sarah, ni a mi madre. Así que me resigné, cerré los rojos. Pero algo hizo que cesara la fuerza. Damien cayó al suelo, con un cuchillo en la espalda. Sonó el cañonazo, proyectando la imagen de Damien en el cielo.
Ahora solo quedábamos nosotros dos. Pero ninguno volverá.
Me acerqué hacia Blake, arrastrándome. Estaba consciente.
- ¡Blake! ¿Estás bien?
Blake estaba fatal. Había perdido mucha sangre.
-Kira, cariño, vas a volver...
-No.
-Si. A mi ya no me queda mucho. Vas a ser la vencedora.
Blake lo estaba pasando francamente mal. No paraba de sangrar.
-Sabes que te digo.
-Que...
-Que nos vamos a quedar los dos.
Saqué la cajita de ka pomada, con las jaulas de la noche. Cogí unas pocas, pero Blake me agarró el brazo.
-¡No lo hagas!
-No puedo vivir sin ti, Blake. Lo haré.
-Dame a mi algunas. Duele.
Así que nos repartimos el contenido de la caja entre los dos, nos dimos un apasionado beso, y acercamos las manos a la boca dispuestos a comernoslas. Pero una voz nos frenó.
- ¡Parad tributos! Atención, Panem, tienen ante ustedes a los vencedores de los septuagésimo cuartos juegos del hambre !
No hay comentarios:
Publicar un comentario