Me desperté con un hambre atroz. Se me habían acabado las galletas, y tenía una sed tremenda. Permanecí atento por si había alguien en la orilla, pero no se escuchaba nada. Así que salí fuera de la pequeña cueva en la que estaba.
La entrada era un pequeño espacio entre dos piedras, con muy poco espacio para salir, pero el interior era de buen tamaño. No parecía que hubiese una cueva allí. Salí, y bebí mucha agua, hasta llenar prácticamente mi estómago. A continuación,vi como había algunos peces en el río, así que con mi cuchillo, pesqué tres, y me los llevé al interior de la cueva dispuesto a cocinarlos.
Encendí unas brasas con algunos palos que había dispersos por la orilla y con los fósforos, y los clavé en dos palos para que se fueran cocinando.
Como las brasas no estaban muy vivas, para no levantar sospechas, tardaba bastante en hacerse.
Mientras que se hacían, el humo me recordó al humo de la panadería. A mi madre,mis hermanos, y a la quemadura gracias a la cual empecé a hablar con Kira.
No sabía si estaba viva, o muerta. Si estaba herida, sedienta... La echo muchísimo de menos. Mi familia me ha de perdonar, pero si le pasara algo a Kira, yo me iría junto a ella. Por eso estoy dispuesto a arriesgar mi vida por ella. En cuanto coma algo, saldré en su busca. No me importa si muero en el intento.
Estaba comiendo mi primer pescado, cuando oí un cañonazo, y un mal presentimiento ahondó en mi corazón. Kira... Pero dos minutos después, oí un fuerte ruido. Era como si fuera un golpe seco. A lo mejor es un tributo herido, la oportunidad de conseguir algún arma y provisiones. Pero ese golpe se sucedió en unos llantos. A lo mejor es April. O hay dos tributos luchando. No me lo pensé dos veces y salí, armado con el cuchillo, dispuesto a ver que sucedía.
Salí sigilosamente, y me asomé a la entrada.No había nadie. Pero al girar, vi la pierna de un tributo. Había alguien gravemente herido.
Y la mayor sorpresa llegó, cuando ese tributo pronunció una palabra, Sarah. Era Kira. Con el arco. Corrí hacia ella, y estaba en un estado deplorable, con una gran herida en la pierna, y una sangrante brecha en la ceja.
-¡Kira!¡Me oyes!
Puse mis oídos sobre su corazón,estaba viva. Así que no lo pensé dos veces, la metí rápidamente en la cueva. Una vez dentro, coloqué el arco a un lado, partí un pedazo de mi camiseta,y la mojé con agua. Kira tenía fiebre. Seguramente será por la herida. Tiene pésima pinta. Le limpié la cara, y la herida, con un poco de Iodo, y la coloqué sobre mi saco de dormir para que estuviese cómoda. Por fin está conmigo.
También le examiné la herida. Le subí la pernera del pantalón, y vi que había sido atravesada por una flecha. Le lavé la herida, a lo que Kira respondió quejándose. Le volví a refrescar la cara, y Kira abrió los ojos, poniéndose a llorar.
-Blake...
-Kira,cariño, tranquilízate, ahora estamos juntos...
-Mi herida...
Recordé la pomada del Capitolio que estaba en mi posesión, y no dudé en aplicar parte de ella en su herida.
-Ahora yo tengo el arco...
-Si Kira...
-Tengo bayas y comida en la mochila, un saco de dormir, y cuchillos arrojadizos, y cantimploras, y...
-Kira, tranquilízate. Ahora descansa.
Me puse detrás de ella, apoyando su cabeza sobre mi, rodeándola con los brazos. Le dí un beso en la frente, y se quedó dormida. Pero me puse a pensar en alto. Sentía una gran impotencia por lo que el capitolio nos estaba haciendo.
-El capitolio va a pagar caro lo que nos ha hecho. Tu vas a vengar a todos, por que yo daré mi vida por ti.
Así nos quedamos un buen rato, hasta que yo también me quedé dormido. Me desperté a última hora de la tarde, ya que Kira se removió y se intentó incorporar...
-Que te ayudo...
Le acaricié la frente, y vi que la fiebre prácticamente había remitido.
-¿Te encuentras mejor?
-Me duele un poco la cabeza, pero estoy mucho mejor que antes.
-Me alegro. Te quiero.
-Y yo a ti, Blake.
Dí un beso a Kira, y miré la herida de su pierna. Estaba curando a pasos agigantados.
-Blake cariño, tengo barritas energéticas en la mochila. Coge una.
Cogí una. No me creía que estuviera saboreando algo tan delicioso. Le acerqué una a ella, ya que estaba un poco débil debido a la fiebre, y después cogimos unas bayas.
Como se nos hizo de noche, y estábamos cansados, nos pusimos a dormir. Junté el otro saco con el de ella, y dormimos abrazados. No me lo podía creer. Ya la tenía conmigo.
Comentad!
Hola. Soy Elena, la escritora del blog. Vereis, a parte de la profunda inspiración que me brinda mi mente, no hay nada que más me inspire y me dé ideas que vuestros comentarios y vuestras críticas constructivas.
Así que, de lector a lector, ya sabéis. Estoy encantada de que sigáis mi historia, pero os pediría que, al leer mi blog, dejáseis un breve comentario con vuestras opiniones e ideas.
¡GRACIAS DE ANTEMANO, Y QUE LA SUERTE ESTÉ DE VUESTRO LADO!
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