Me vino a llamar la panadera muy preocupada. Su hijo Blake se había quemado toda la mano con un horno, y la herida no tenía buena pinta.
Conocía a Blake de vista en el colegio. Era un chico moreno, bastante guapo, muy simpático, hablaba con todo el mundo. Pero como separaban a los chicos y a las chicas, solo le saludé un par de veces.
Cogí rápidamente unas vendas y una pomada hecha con plantas para las quemaduras, y me fuí con Hope a la panadería.
Hacía mucho frío, ya que estábamos en pleno invierno, pero el único abrigo que tenía se lo dí a mi prima Sarah porque el suyo le quedaba muy pequeño, así que cogí la antigua chaqueta de piel de mi padre, marrón oscura. Al contraste con mi piel blanca quedaba muy bien.
Al llegar a la panadería, me embriagó el olor a pan recién hecho. Hope me llevó hacia la sala de los hornos, y ví a Blake, y a su padre. El padre le estaba gritando, y francamente, me asusté.
Blake estaba sujetándose la mano, envuelta con un paño de agua fría.
-¡Inútil!¡No sabes hacer nada!
- Ya ha llegado Kira...
Hope me invitó a sentarme al lado de Blake, y con mucho cuidado, le retiré el paño húmedo para examinarle la mano. Al verla, no pude evitar sobresaltarme.
-Está muy quemado. Esto una pomada del capitolio lo solucionaría en poco tiempo, pero con nuestros medios...Le quedarán cicatrices...
Le aplique la pomada, y Blake me acompañó fuera. Estuvimos hablando un buen rato de como nos iba... Mientras que hablaba con él, se me fueron los ojos a una pequeña tarta. Hoy era el cumpleaños de Sarah y no tenía dinero para comprársela. Además, era tarta de queso. La favorita de mi padre. Al recordar todo eso, no pude evitar ponerme a llorar, y Blake lo notó.
- Pero que te pasa...
Le conté todo lo que me pasaba, el accidente de la mina...Y él, aparte de pagarme las curas, me regaló la tarta...
- Para que no vuelva a verte llorar...
Y así fuimos haciéndonos amigos. Yo iba a curarle, y charlábamos... Podía lanzar un saco de veinte kilos de harina veinticinco metros. Íbamos a cazar.
Hasta que, un día en el bosque, me pidió que saliéramos juntos. Me sonrojé y no lo pude negar, me gustaba. Así que acepté y, hasta hoy, soy un poco más feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario